La batalla se recrudeció. El Zorro y Elena luchaban con todas sus fuerzas, pero poco a poco comenzaron a ganar terreno. El Zorro era un espadachín habilidoso y Elena tenía una destreza sorprendente con la espada.
De repente, un crujido de ramas y un relincho de caballo les hicieron detenerse. Un grupo de hombres armados surgió de la oscuridad, bloqueando su paso.
"Queremos que nos entreguéis el documento que habéis robado", respondió el hombre grande. "El duque está desesperado por recuperarlo".
"Vamos a tener que insistir", dijo.
El Zorro negó con la cabeza. "No lo tengo".